the K affaire*

Durante 1992 una planta nuclear argentina arrojó a un terreno baldío del conurbano bonaerense una copiosa cantidad de residuos tóxicos, como parte de un corrupto acuerdo entre sus autoridades y la clase política.
A pocos metros del terreno, sin embargo, funcionaba una gran ciudad fabril encargada de manufacturar productos para el cuidado femenino.
Las toxinas radioactivas se diseminaron por toda la zona e ingresaron en el departamento de producción de toallitas femeninas.
Cientos de toallitas contaminadas fueron lanzadas al mercado las semanas siguientes.
El desastre adquirió dimensiones de catástrofe cuando chicas con alimañas en su bajovientre compraron y usaron las toallitas.
La radiación en ellas generó una nueva raza de ladillas gigantes adolescentes mutantes asesinas que aterrorizaron la Capital Federal, destruyendo todo a su paso.
Gobiernos calleron y ciudades enteras fueron devastadas. Sin embargo, la culpabilidad jamás fue asumida por nadie. La justicia barajó numerosas hipótesis, algunas de ellas descabelladas, pero que en su totalidad parecían apuntar a un misterioso personaje: el kameyo, de quien no se tienen reales pruebas de existencia.
El Washington Post, en su edición del 12 de Junio de 1992 tituló en primera plana: The Kameyo Affaire.