i use the best, i use the rest
La explosión del punk, en los años finales de la década del '70, fue el estallido de una de las mayores vanguardias que el siglo XX haya visto nacer. Más que simple musicalidad sucia, cruda y rápida, el movimiento punk implicó una revolución estética y artística que devino directamente del dadaismo y el surrealismo en las décadas precedentes, en conjunción al espíritu de las protestas parisinas del '68 y el movimiento situacionistas francés. Un cocktail flamable e inestable que tomo carne más crudamente que en cualquier otro lado de la mano de los Sex Pistols y, más precisamente, de Jamie Reid, quien fuera su "director artístico", encargado de diseñar los afiches, posters, tapas de disco, imagenes promocionales, etcétera; y quien generara y codificara la imagen estética completa del punk.
Acerca de la época pre-Pistols poco nos interesa decir en este punto y, ese período de su producción artística y militante quedará, en estas líneas, sujeto a la curiosidad particular del lector. Sólo nos cabe decir que Jamie Reid nació en 1947, en una familia socialista, y que desde muy joven encaminó sus estudios hacia el arte. Fue sacudido por los movimientos insurreccionales parisinos de 1968, cuyos ideales abrazó y en donde se encontró por primera vez con la gráfica que marcaría su producción estética: Los posters de propaganda de la revuelta, las consignas poéticas ("pide lo imposible", "la imaginación al poder", todos se las saben de memoria) que sintetizaban efectivamente complejos idearios y los acercaban a todos, haciéndolos accesibles, y, sobretodo, la Internacional Situacionista (IS).
La IS era un grupo que había nacido en 1957, organizada por Guy Debord y que tubo como principal referente a los dadaistas Hugo Ball y Tristan Tzara y los surrealistas de la década del '30. La propuesta estética era la negación del arte, la utilización de graffitis, comics, imagenes bastardas del establishment publicitario y demás sobras modernas. ¿Do you remember the great rock'n'roll swindle?.
Jamie Reid y Malcom McLaren habían sido compañeros de escuela durante los sucesos del '68, y ambos habían militado activamente desde las calles londinenses, sobretodo desde el Suburban Press; una publicación fundada por ambos, inocentemente devenida en una de las más importantes y recordadas armas de denuncia y anarquización de los early-70s. Fue en esta época en donde Reid maduró su estilo personal, cargado de situacionismo y militancia que años después utilizaría en el punk, cuando McLaren le enviase un telegrama diciendole "oye, jamie, tengo a estos chicos... sabes?". Era 1976 y casi casi que nacía todo.
No era el fenómeno en sí lo que me interesaba. Vi al punk como parte de un movimiento artístico que venía desde hace por lo menos cien años, con raíces en la propaganda de agitación rusa, el surrealismo, dada y el situacionismo. Solía hablar bastante con John Lydon acerca de los situacionistas, y del Suburban Press. Los Sex Pistols parecían el vehículo perfecto para comunicar ideas de forma directa a la gente que no era receptible a los mensajes del ala política izquierdaLa estética de los Sex Pistols, en las manos de Jamie Reid, se convirtió entonces en un furioso compilado de imagenes recortadas, unidas nuevamente con el fin de crear mensajes nuevos, con una estética sucia, underground y, sobretodo, baratísima. Reid utilizaba los viejos recursos clásicos del cut&paste para resignificar lo banal y trivial de la imagen mainstream. Perfecta consonancia.
Quizás su obra más influyente sea el alfiler de gancho en la boca de la reina, que fue producto de la relectura de viejos volantes y afiches del Mayo Francés, en donde se veían momias con alfileres de gancho. El alfiler de gancho, aparte, también tenía otro significado para la cultura punk: la de oponerse a la estética de las joyas y los accesorios de las clases altas. Así, los alfileres de gancho en las orejas, las cadenas alrededor del cuello, las tachas en los cinturones y pulseras, etc. componían la rancia bijouterie del jóven londinense histérico de rabia punki. De esta forma, Jamie Reid logró compilar en un mismo símbolo dos íconos: el de la estética de los movimientos situacionistas durante el Mayo Francés y el de la contracultura punk.

Estas imagenes de la reina intervenidas, con alfileres de gancho y demás vejaciones sin decoro devinieron en lo que sería la tapa del segundo single de la banda: God Save the Queen. Años más tarde, esta tapa sería elegida como la mejor portada de disco de todos los tiempos.